Echavarría en su documento “La
escuela un escenario de formación y socialización para la construcción de la
identidad moral” menciona a varios autores, que hacen referencia a la escuela
como un medio social y constructivo de la identidad de la persona. Es la
configuración de sujetos morales que se hacen como tales en la interacción y la
confrontación continua con sus pares, sus maestros y otros agentes de
socialización, en ella se adquieren diversos aprendizajes, que se
transmiten mediante una participación activa, existe la negociación de la
diferencia y se propicia la convivencia a través de prácticas reflexivas y
críticas de los sujetos, basadas en la formación ciudadana.
Lo que difiere a la formación
de la socialización es, que en la formación se instauran elementos pedagógicos,
metodológicos y estructurales. Hay una orientación a los procesos de enseñanza
y aprendizajes. Se crea una retención, comprensión y el uso activo del
conocimiento, que nos ayuda a comprender el mundo y desenvolvernos en él.
Perkins (2001, p.18), nos dice
que son conocimientos actuados. La capacidad que poseen los sujetos para
explicar, ejemplificar, aplicar y justificar lo aprendido.
La socialización, por otro
lado, Durkheim (1976) lo marca como el proceso de la construcción de la
identidad individual y la organización de una sociedad, en donde se sientan
incluidos y motivados a ser ellos mismos. Responsables de conservar y
transformar a la sociedad.
La socialización se da primero
como necesidad afectiva y emocional. Es un trabajo conjunto entre la familia y
la escuela. En la familia los individuos se integran a diferentes grupos
asumiendo un determinado rol, por su necesidad de pertenencia y la escuela se
compromete a entregar a la sociedad un individuo competente y profesionalmente
capaz, un sujeto con valores y tradiciones al lugar que pertenece; un individuo
autónomo y responsable, con capacidad de modificar lo existente o de legitimar
lo establecido con criterios ético-morales y políticos claros.
La construcción de la
identidad se da a través del cual los individuos se hacen únicos, negocian sus
diferencias, y construyen a la vez ideales comunes que les permiten integrarse
a un contexto social, y ser creadores también de una historia singular y
colectiva.
La identidad interior y
exterior, es una negociación y configuración a partir de lo vivido y lo
experimentado, se genera principalmente mediante una interpretación interna de
cada individuo la cual se ayuda principalmente por medio de la socialización,
partir de la interacción que se da entre la naturaleza interior de los sujetos
y la naturaleza exterior del mundo de la vida en el que circula una serie de
sentidos objetivados. Configura al sujeto como ser autónomo y autentico,
que toma conciencia del sí mismo y del mundo externo. Lo hace único e individual,
le da una identidad.
Esta construcción de identidad
nos lleva a transformarnos en sujeto moral, que se forma con la interacción
continua con los otros, en la discusión constante de los marcos valorativos,
normativos y de principios morales que median la convivencia y en la
conformación de un espacio democrático.
Nos da un desarrollo moral,
cuyo objetivo es crear un pensamiento autónomo y responsable, en el que podamos
ejercer derechos y responder deberes; tomar decisiones correctas y favorables a
la mayoría de la sociedad a la que pertenecemos.
La escuela sirve como
instrumento para conseguir una población plural y multicultural para la
formación y socialización ciudadana.
Referencia:
Echavarría, C. (2003).
Documento. La escuela un escenario de formación y socialización para la
construcción de identidad moral, en: Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales, Niñez y Juventud, Julio – Diciembre, Vol. 1, No 002, Universidad de
Manizales, Colombia 2003.

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