Reproducción: Es un proceso donde existen pasos a seguir y tienen un fin común.
Resignificación: Es cuando
adquirimos un significado nuevo de lo que ya conocíamos o se cambia por
completo.
Para Berger y Luckman,
mencionado por Schutz (s.f.) mencionan
“La vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por los hombres y
para ellos tiene el significado de un mundo subjetivo. El mundo de la vida cotidiana
es un mundo que se origina en los pensamientos y acciones de los miembros
ordinarios de la sociedad, y es sustentado por éstos”.
De esta forma, la realidad que
todos vivimos y la manera en cómo vamos aprendiendo no es la misma, influyen
diferentes factores que nos hacen identificarnos con el conocimiento que vamos
adquiriendo, y es así como nosotros lo vamos a reproducir en otros, otorgándole
un nuevo significado.
“No puedo existir sin interactuar y comunicarme
continuamente con otros. Sé que existe una correspondencia entre mis
significados y los suyos; el conocimiento del sentido común es el que comparto
con otros en las rutinas normales de la vida cotidiana”.
Por ejemplo, no podemos
aprender a leer sin antes conocer las letras, o no podemos resolver una
operación matemática si no conocemos el valor de los números y las operaciones
básicas.
Yo cuando iba a la secundaria
era una buen alumno. Era aplicado en mis tareas y trabajos, acataba las normas
y reglas establecidas por la escuela y los maestros. Tenía una buena
convivencia con la mayoría de mis compañeros y el personal de la escuela. En
general, era como quien dice “una niño sin problemas”.
Pero no todo era del todo
bueno. El maestro Alfredo encargado de impartir la materia de matemáticas,
comenzó a darnos algebra. Nos dio las pautas de la teoría y procedimiento para
resolver una fórmula despejando la incógnita y lograr obtener el resultado. Yo,
sabía y entendía bien el procedimiento, conocía el valor y significado de los
símbolos que se utilizaban en el álgebra, y resolvía sin complicación los
despejase de las fórmulas que el maestro nos daba. Pero el problema que tenía
es que no lograba desarrollar una fórmula por mi cuenta, por medio de un
problema planteado.
Como bien mencione antes,
estaba acostumbrado a seguir las órdenes, o resolver una tarea, pero no sabía
hacer mis propias reglas. Dicho de otra forma, estaba acostumbrado a que las
cosas ya estuvieran hechas. Entonces al enfrentarme con la misión de resolver
yo un problema algebraico, en donde mi deber era encontrar y desarrollar la
fórmula correcta para resolver el problema, pues nada más no podía. Me
resultaba muy complicado, es más casi imposible de lograr.
Un día el maestro Alfredo nos
dejó resolver distintos problemas algebraicos en equipo, que estaban integrados
por dos o tres alumnos. La verdad es que cuando escuche esta encomienda del
profesor sude, pues sabía que no iba a lograrlo a pesar de ser una de las
mejores alumnas. A mí me tocó formar equipo con mi compañero Enrique. Él era el
clásico niño con problemas de conducta y bajo en calificaciones, un tanto flojo
y descuidado en su persona, pero con una habilidad sorprendente para comprender
las matemáticas. Yo estaba un tanto inconforme, pero al mismo tiempo aliviada
pues sabía que él lo resolvería sin problema. Mi sorpresa fue, que el maestro
dio la instrucción de que la encargada de desarrollar la fórmula debía de ser
yo, y mi compañero solo debía supervisar que estuviese correcta. ¡Se imaginarán
mi cara de susto! Lo impresionante fue que lo logré con la ayuda de mi
compañero; me explicó la forma en la que él resolvía los problemas, me hizo ver
otro punto de vista de ver las cosas y eso me hizo poder razonar y entender el
problema. Me explicó con “peras y manzanas” (literal), sin tecnicismos;
olvidándose de los números y enfocándose a lo que se debía de llegar.
Yo me sentí muy agradecido con
él, y también apenado pues lo tenía con un estereotipo muy erróneo. Logré
razonar una enseñanza que tenía bien mecanizada y supe aplicarla en la
situación que la requería.
También, ahora deduzco que mi
profesor, al ponerme en equipo con él, lo hizo con la mera intención de que
ambos nos viéramos beneficiados uno del otro. Compartiendo lo aprendido, e
interactuando como iguales.
Referencias:
Schutz, Alfred (s.f.)
“Estudios sobre la teoría social”, texto de apoyo LEIP. UPN, México

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